Fotografías obtenidas de las Redes Sociales, de Centro Dramático Nacional,
y de otras páginas disponibles. // Noviembre 2015
- Hombre, yo creo que la primera vez que me subí a un escenario, tenía como unos seis o siete años en el colegio me parecía sorprendente que todo el mundo se callara y estuviera mirando todo lo que hacías, que provocaras emociones de risa o de miedo o lo que fuera, ¿no? y que cuando terminaba la función encima aplaudieran. Era una cosa que era rara, yo creo que eso ya me atrajo. A partir de ahí fui moldeando ese sentimiento que se fue haciendo cada vez más complejo, incluso acabó dejando, digamos esa sensación primaria del efecto público, del efecto “aceptación del público”, lo dejó en un segundo término, no muy apartado pero si en un segundo término, y empecé a ver que ser actor era una manera maravillosa de interpretar el mundo en el que vivía. Y yo creo que esa es la razón por la cual yo soy un apasionado de mi profesión, porque me permite observarla en todos sus detalles e incluyo para mí mismo, socialmente está bien visto que yo haga una introspección en mí, para luego ponerlo en contraste con lo que veo en la calle y sacar conclusiones para elaborar personajes. ¡Es una maravilla! Es algo maravilloso…
Esto va relacionado con la siguiente pregunta… Nosotros hemos leído una biografía tuya, que empezaste estudiando derecho y que después te quiste meter en la escuela de arte dramático, pero es como si hubieras querido, entiéndeme bien no quiero decir que seas así, pero es como si hubieras querido ser más “normal” y no estás predestinado para ello…
- Cuando entré en la escuela ya estaba trabaja en teatro. Me quise meter en la escuela precisamente por lo que tú decías. Porque en el fondo yo digo, pero si todos mis compañeros finalmente van a ir a la escuela, por lo cual yo también tengo que ingresar en la escuela. Lo que es curioso es que al final yo tuve que dejar la escuela, y seguir siendo actor. Y de mi generación, de mi edad, tengo muy pocos amigos en la profesión, mis amigos de siempre en esta profesión han sido gente que tiene más de 15 o 20 años más que yo. Y eso me ha dado también una, seguramente, visión de la vida y del trabajo y de la interpretación muy distinta a lo mejor de la que puede tener alguien de mi edad que salió de la escuela un día… no sé, es que es una situación rara.
- Pero si es que es verdad que hay determinadas etiquetas, determinados moldes, determinadas cosas, que hacen que el hecho de ser actor se empequeñezca, y se convierta solamente en una profesión, y a mí lo que más me jode es que es precisamente, la etiqueta de que esto es una profesión, porque esto yo creo que no es una profesión, esto es una manera de vivir y a partir de ahí uno, lo que pasa es que determinadas cosas no hay más remedio que ponerlas en contraste con los espectadores. Pero es una profesión, ¡es una manera de vivir! ¡Es un estado de ánimo! (NDR: Exactamente) Y además no se abandona ni un solo segundo del día. Uno sale a la calle y todo lo que le ocurre es un material que queda o no, en la memoria, dentro de lo que tú tienes dentro que ya funcionan de una manera mecánica, de una manera automática. Y cuando ves algo que, que realmente tiene interés, aquello se pone a grabar por dentro y luego cuando necesitas un tipo de comportamiento, recurres a aquello que observaste, lo analizas, lo pasas por ti e intentas que dentro de tu personalidad aquello que se te quedó tan grabado tenga algo de orgánico.
- Mira, yo soy una persona muy pragmática en ese sentido. Yo ahora mismo, en mi cabeza está el estreno el día 20 de noviembre de “Los hermanos Karamazov”, en el Centro Dramático Nacional. Para mí no existe ni antes ni después, (NDR: Vives el presente.) Para mi existe ese personaje, esa función, esa compañía, y para mí en este momento no hay otra cosa. En mi casa, afortunadamente, no hay nada que me recuerde lo que yo he hecho en la vida, por ver no hay ni guiones, ya no te digo premios ni cosas de esas, tampoco están en mi casa. Tampoco están los guiones de mi trabajo, el único librito que está en mi casa, en este momento es “Los hermanos Karamazov, […], y con mucho agradecimiento, pero pasa por mi vida, no se queda en mi vida, porque eso sería bastante deshonesto.
Te quería preguntar una cosa, porque a ver, esto lo hemos hablado muchas veces, gente aficionada al cine, que también lo somos bastante, pero yo nunca he tenido el punto de vista de un actor, de alguien que esté metido en el ajo. En la profesión, como hemos dicho. ¿Tú qué crees que ocurre, aunque la pregunta te suene muy obvia,… con el cine español? Es decir, por ejemplo, yo veo una película como los “Santos Inocentes”, como “Los lunes al sol”, y digo, ¡Qué peliculones! Pero en cambio, no les veo que tengan el tirón como por ejemplo un “Los Otros”. ¿Tú por qué crees es?
- Fundamentalmente el español casi nunca ha tenido, digamos, una empatía con el público suficiente, como para generar una industria. Como pasa por ejemplo, en Francia. Es decir, nosotros siempre hemos manejado, yo esto lo recuerdo de cuando era niño, el concepto “españolada”. Yo creo que tiene que ver, son una serie de prejuicios que vienen arrastrados de los 40 años de dictadura. (NDR: Por supuesto…), es decir que al final hay una cosa que, incluso la gente que quería romper con las trabas, con las ataduras del franquismo, tuvo un comportamiento de aceptación de todo lo que venía de a fuera, y de absoluta denostación de lo que se producía dentro.
Porque era algo que había impactado en su sociedad como lo fue en la nuestra. Pero además hemos hecho muy pocas de la Guerra Civil. ¡Pero muy pocas! Lo que pasa es que la gente le dio por pillar este mantra y luego también, encima, además de un tiempo a esta parte no solamente hemos sufrido los zarpazos del pirateo sino que lo que es peor, incluso pero que lo del IVA cultural y todo, lo que es peor desde las instancias del poder se ha convencido a la gente de que esto de la cultura es un peso innecesario y del cual uno se puede desprender. Y en concreto de lo que es el cine, el teatro, la literatura, la música… ¡No hace falta saber ni entender ni nada! Ni tener un criterio…
Quiero decir que, a mí, mañana mi hijo, va al Corte Inglés, y se roba un […] (Problemas de sonido, creemos que dice “traje”), y le trincan, a mi me llaman y tengo un problema. Sin embargo, si viene mi hijo y le veo que está escuchando el último trabajo de los Rolling y lo acaba de sacar de un ordenador, incluso no solamente no le voy le voy a afear la conducta, sino que le voy a decir ¡Pásame una copia! Pero eso es lo que ocurre generalmente entre la gente, que a mí me parece verdaderamente sorprendente, porque eso además todo el mundo sabe que ha acabado con una industria, con muchos puestos de trabajo, pero sobre todo a acabado con la creación artística. (NDR: La verdad, es que lo estás clavando.…) Y ese es el problema del cine español. Es de empatía, no es un problema con el 21 por ciento del IVA. Si a mí me dicen que prefieres empatía plena con el espectador y un 30% de impuestos o un 0% de impuestos sin empatía. Digo yo... ¡Joder! Yo prefiero que me suba los impuestos y […] (Se corta) (NDR: Si sí, y además, ya te digo, lo estás clavando… ¡Si es que siempre he pensado lo mismo! No te lo tomes como un exceso de confianza, pero es que…) ¡No no! Pero si es verdad, ¡Es de cajón! Si es que los que nos dedicamos a esto tenemos que verlo desde este punto de vista, porque no hay otro.
Mira, yo te quería preguntar, aunque tampoco soy dado a hacer preguntas de ciertos momentos. Pero mi hay un punto y aparte en tu carrera que es la película “Madregilda” y el papel que hiciste (Realizó el papel de Franco). Sabiendo bien porque terrenos ideológicos tiras. Celebrando que son los mismos. Suponemos que es un papel difícil porque yo incluso te he visto llorar recibiendo un premio. Corrígeme si me equivoco. ¿Verdad que sí?
Desde el punto de vista de la gente de a pie, y es una expresión que a mí no me gusta, porque toda persona es un mundo, pero bueno, para entendernos para hablar de alguna manera, desde el punto de vista de la gente de a pie una de las ambiciones del trabajador normal, es tener un trabajo fijo, o que le hagan un contrato de largo y sobre todo más en la época en la que estamos… Para decir: ¡Hostias! Tengo esa tranquilidad de no estar dos meses aquí y dos meses allá, etc… Cuándo un actor coge un papel en una serie larga, como puede ser tu caso, y perdóname que te hable de “Cuéntame”, ya sé que estarás hasta las narices, pero bueno… (Momento de charla), cuando coges un papel largo, de mucho protagonismo además de mucho peso en una serie tan larga… Un actor, y no digo que sea tu caso, reitero, ¿un actor lo puede interpretar como lo interpreta un trabajador normal de una fábrica? Hostia, tengo trabajo fijo, no me llaman para otras películas, no me llaman de otros sitios, pero estoy aquí tranquilito. ¿Tú crees que puede ocurrir?
- Puede ocurrir y la mejor manera para luchar contra eso es levantarse pronto, estudiar, y ya todos los días al rodaje con un reto a conseguir. Y tienes que volver del rodaje, a casa, insatisfecho siempre, pensando en que podría haberlo hecho mejor y entonces exigirte muchísimo. Esa es la única manera de sobrevivir en una serie larga. Con exigencias, porque si no, corres el peligro, como bien tu señalas, quedarte ahí en una posición segura del parchís, y de olvidarte de que el juego del parchís consiste en dar vueltas al tablero, y no pillar una casilla y aquí quedarte para siempre, y dejar la ficha, ¡no! Hay que exponer. (NDR: De aposentarse, ¿verdad que sí?) Yo siempre he procurado, simultanear “Cuéntame” con otras cosas, de hecho no sé cuantas veces llevo, pero creo que ya llevo 8 o 9, no lo sé… Creo que he interpretado. Cuatro obras de teatro, he dirigido tres, y luego he hecho dos películas, es decir que no me quedo en “Cuéntame”, mi vida no solo está en “Cuéntame”.
- ¡No, no...! la verdad es que puede ocurrir con un sector del público, hay una cosa que, sobre todo el teatro, el teatro no entiende de popularidades, cuando accedes a personajes, incluso a nivel de los que yo tengo la suerte de poder acceder, yo ahora estoy haciendo del padre de los hermanos Karamázov, no es por “Cuéntame”, está clarísimo, es un personaje que está en las antípodas de lo que puede ser el personaje de “Cuéntame” y para eso lo que necesitas es, bueno, pues fundamentalmente un director o una compañía, o una institución como es el Centro Dramático, confía en ti y te otorga esa responsabilidad, pero el Centro Dramático no le interesa este tipo que tú seas popular en la tele. Es así, y lo que sí es cierto, es que la gente ve mucho la tele pero la ve haciendo otras cosas, es decir que realmente es un arte de consumo, es una cosa muy rara lo de la televisión.
Porque muy poca gente se sienta del tirón a ver una serie y a observarla como quien observa una película en una sala, pero sí que es verdad, es que casi todas las salas que hay de cine, no sé yo, cuando me siento y veo la pantalla, la sensación que yo tengo es del mismo tamaño de la misma que tengo en el salón de mi casa. Entonces ya no es cine. (NDR: Hay una cosa que personalmente a mí me jode muchísimo y es que por ejemplo me digan “mira vamos a ir a ver una obra de Lope de Vega” hostias, qué guapo ¿Y quién hace el papel? “El de Cuéntame”…) ¡Si si! Que no te quepa duda. Pero la gente, en todos los países, pero más en este país, la gente se le ha permitido un nivel que en otro país se le exige más.
Los franceses tienen un potencial cultural acojonante, porque desde siempre les interesó definir su país y su cultura como una potencia, y de hecho ellos, tienen muchas más ventajas como país, como República, como muchas cosas que nosotros, que en realidad, nunca, no solamente ahora, es decir desde la Transición hasta acá nadie ha querido afrontar una revolución cultural cuando era necesario, porque nadie, nadie quería… ¿por qué? ¿Tú te crees que si realmente fuésemos sólidamente culto podríamos tolerar lo que están haciendo con nosotros, a nivel manipulación ideológica, pero sobre todo a nivel manipulación mental haciéndonos creer, como que, con un descaro acojonante, diciendo ¡Yo hago lo que me da la gana, porque aquí nunca pasa nada! ¿Pero… cómo es posible? Eso en Francia, no pasa. No pasa en Inglaterra, no pasa ni en Italia, y eso es así. Nosotros por nuestra propia definición cultural formamos parte del vagón trasero de Europa, y así nos va. (NDR: Sí… si es que seguimos llevando 40 años de retraso. Así de simple.)
Ya que estamos en materia háblanos un poquito de este último proyecto sobre “Los hermanos Karamazov”. A mí se me hace muy interesante.
- Es una adaptación de la novela de Dostoyevski, la dirige Gerardo Vera en una compañía, verdaderamente fantástica, de actores jóvenes que es una bendición, realmente estoy viviendo un momento enormemente delicioso de mi vida, por estar trabajando codo con codo con esta gente que tiene tanta ansia tanta voracidad por hacer bien las cosas. Y la adaptación es muy difícil, la función es muy difícil porque el lenguaje es perfecto el lenguaje de Dostoyevski es perfecto y entonces para aproximarte al personaje que tienen tal carga de maldad, la verdad es que hilar muy fino. Yo creo que estamos en la senda de poder hacerlo bien. (NDR: Es un tema complicado, es una temática bastante dura. Que no…) Además es que es una novela de mil páginas. Esto condensarlo y llevarlo al escenario pues bueno… es un trabajo que han hecho entre José Luis Collado y Gerardo Vera, magnífico y estamos disfrutando mucho. (NDR: Tenéis buena visión de futuro, supongo con esta obra)
- A mí como en todo y la gastronomía también, se me atraganta la falsificación, a mí se me atraganta lo que pretende ser una cosa y luego no lo es. Lo que aparenta ser una cosa y luego no lo es. En la cocina y en todo. Me parece que es horrible. Hay que detectar las falsificaciones y en el momento en que uno las detecta hay que denunciarlas y acabar con ellas. (NDR: Evidentemente. Vamos que una tortilla de patatas no es una deconstrucción, es una tortilla de patatas.) No, salvo que alguien haga algo con una tortilla de patatas que realmente emocione, y tú lo pruebes y digas; ¡Joder, esto es una maravilla! ¿Quién ha conseguido hacer esto? Ahora, si consigue alguien hacer eso y luego hay 400 por detrás que intentan replicarlo, dándole su pequeño toque de originalidad y se convierte en una vulgaridad, entonces hay que decir, que es un copista malo. (NDR: Exactamente, y un chabacano.)
Sí, porque en el programa que hicisteis, como era… ¡Un país para comérselo! Tú y el señor Alcántara, os habéis dado una paliza de comer, acojonante (un poco de charla). Habéis tenido el gusto de probar verdaderas delicias.) Sí, pero cuando estás grabando cinco días material como para editar 40 o 50 minutos y te levantas a las 6 y llegas al hotel a las 9 de la noche, y haces mil kilómetros de furgoneta en cinco días por una provincia, comes pero donde realmente disfrutas, seguramente es en el desayuno del hotel antes de salir a trabajar y entonces sí que de alguna manera tranquila y pausada te tomas una tostada de pan con aceite y un café con leche y eso es una maravilla. Eso es lo más rico del mundo. (NDR: ¡Ya te digo! Entonces, esto ya es una pregunta mía curiosa. Habéis estado también por León, Astorga y por ahí, ¿No?)
¡No! nosotros no lo tocamos, lo tocó luego Ana Duato en la siguiente temporada. Nosotros hicimos dos temporadas y lo tuvimos que dejar porque aparte nos dificultaba a la hora de hacer otros proyectos. En León no estuvimos, concretamente nosotros no… Lo que pasa es que yo llevo 37 años trabajando como actor, me he hecho giras, yo me he dado la vuelta España de cabo a rabo, por todos los lados y me conozco todo. Esa es la razón por la que a mí se me ocurrió hacer “Un País para comérselo”. Además era una serie que dirigía yo. (NDR: Te lo digo porque yo soy de esa tierra y era por saber si habías probado el cocido maragato. Era curiosidad. Era por si habías sido capaz de acabarlo) ¡Sí, sí! He probado cocidos maragatos buenísimos. En la zona de Astorga, en la zona de Ponferrada, la gran revolución de los vinos de los Bierzos, es algo que lo tengo muy presente. ¡Y me he acabado un cocina maragato! (NDR: ¿Te lo has acabado? Pues ole tus ahí…) Sí, sí, con dos cojones. Me comí un cocino maragato, concretamente en Ponferrada, que nos lo hicieron unos amigos, que fue una… afortunadamente son de esos días que empiezas a comer a las doce a las nueve a terminado, no tienes que irte a ningún lado, sino que medio morirte en un sillón.
Pues nada más, agradecerte muchísimo que nos hayas atendido. No, no, gracias a ti. De verdad. Y esperamos no haberte aburrido. Nada en absoluto. Personalmente se nos ha hecho muy interesante. Os lo agradezco mucho, ha sido muy interesante. Suerte para el futuro, suerte con lo último que estás haciendo y ahí estamos. Un abrazo Juan. ¡Un abrazo!
Centro Dramático Nacional